La televisión es la herramienta más potente empleada para el control mental.
La “programación” disponible, aunque ciertamente es agradable, divertida y nos entretiene, tiene como propósito reforzar ciertos comportamientos entre las masas.
Dramatizar la importancia del ego o glorificar la violencia son parte de los programas que vemos usualmente en la televisión moderna, volviéndolo parte de nuestra vida real y por lo tanto, afectando nuestra manera de pensar.

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