Tras la toma del poder por los nazis en 1933, Hitler estableció un ministerio de ilustración pública y propaganda encabezado por Joseph Goebbels. La meta del ministerio era asegurar que el mensaje nazi fuera comunicado con éxito a través del arte, la música, el teatro, las películas, los libros, la radio, los materiales educativos, y la prensa.
Los nazis trataron de aunar las aportaciones de uno y otro y convirtieron la propaganda en una "nueva arma" para convencer al pueblo, para llegar a él, para imponer su visión del mundo y el Estado. Supieron utilizarla para alcanzar el poder, para aprovecharse de la crisis y las frustraciones existentes, mostrándose como salvadores de la nación en quiebra, y una vez en el gobierno, pusieron todos los medios de comunicación bajo su control y la utilizaron para dominar el Estado y controlar a las masas. . Buscaron un enemigo y lo encontraron en los judíos y los comunistas, y sobre ellos lanzaron todo el descrédito, a la vez construyeron todo su mensaje sobre la exaltación del líder y su papel como guía o caudillo: sus discursos se transmitían por la radio, su imagen estaba omnipresente en los carteles que empapelaban las calles, en los periódicos o emisiones de cine, donde se exaltaba su carisma y los logros y conquistas conseguidos. Y en todos los medios se reproducían de forma masiva desfiles solemnes, símbolos, banderas y estandartes, que asedian al pueblo alemán casi como una obsesión. Alemania se convirtió de esa manera en una "sociedad hipnotizada"

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