Sólo hay que encender la tele, abrir las revistas o darse una vuelta por cualquier medio publicitario para toparse con un anuncio de comida chatarra. Permanentemente y constantemente nos vemos bombardeados por tales incitaciones a comprar todo tipo de alimentos que salud aunque se vean "deliciosos".
Los niños son los más afectados por esta situación, pues no tienen aún la madurez para comprender cuán peligroso puede ser una dieta rica en grasas, azúcar y sal, ni mucho menos para frenar sus impulsos. Se han hecho estudios cuyos resultados sugieren que el peso de los menores y las horas que se pasa sentado viendo TV están relacionados. Al incitar el apetito con imágenes tentadoras, los anuncios hacen que el pequeño vaya a por snacks de comida chatarra.
Es importante que desde muy pequeños y a lo largo de la infancia, se le enseñe al niño la diferencia entre una publicidad y un programa de TV, para que puedan escoger correctamente.
He aquí otra forma en la que no solo afectan psicológicamente, sino también físicamente.
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