La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es responsable de sus actos.
Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio de conciencia, son calificables como moralmente buenos o malos.
La moralidad de los actos humanos depende:
— del objeto elegido;
— del fin que se busca o la intención;
— de las circunstancias de la acción.
— del fin que se busca o la intención;
— de las circunstancias de la acción.
Donde:
- El objeto elegido es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. Es la materia de un acto humano.
- La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. Apunta al bien esperado de la acción emprendida. No se limita a la dirección de cada una de nuestras acciones tomadas aisladamente, sino que puede también ordenar varias acciones hacia un mismo objetivo; puede orientar toda la vida hacia el fin último.
- Las circunstancias son los elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos
¿Cómo saber si un acto es moralmente bueno?
El acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. Que el uso de nuestra voluntad y libertad este enfocada a hacer lo que es correcto siempre. Aunque una finalidad mala corrompe la acción que a principio es buena y aunque su objeto sea de suyo bueno, como por ejemplo hacer algo para que los demás me vean.
Por ejemplo, un servicio que se hace a alguien tiene por fin ayudar al prójimo.


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